26 June 2011

VIAJE A MALTA 2011 (y 5)

JUEVES 23 DE JUNIO



T
ras las clases de la mañana, marchamos a la Blue Grotto, un paraíso de aguas cristalinas y corales en el interior de las grutas. A 20 metros de profundidad es posible ver con claridad la arena del fondo, y es que Malta - aunque no es país rico - es el único de la UE que depura las aguas antes de verterlas al mar, todo un detallazo.
El amable barquero de Macarena, Irene Monrocle, Begoña, Marisol, Miriam, Mario, Eric, Africa y Lucía, decide no volver a la costa a la hora estipulada pues ha visto un pececito monísimo y algo atontolinado por allí flotando y se relame pensando en cenárselo. Las chicas gritan ante la idea de que al cogerlo lo suelte sobre sus cabezas. Eric se esfuerza por atraparlo sin éxito con medio cuerpo fuera de la barca y Macarena repite estremecida "Esto es surreal, profe, esto es surreal..." Para envidia de otros, permanecemos en la zona mucho más rato de lo estipulado en busca del escurridizo pez. El barquero se rinde finalmente y el pececito se va al fondo, posiblemente a mejor vida.
El baño es de clase 1ª A Plus. Un grupito de profesoras y alumnos/as decidimos nadar hasta las rocas de enfrente (estilo: abuela 100 metros libres). Una vez allí, nos sentamos sobre las mullidas pero ásperas algas colonizadoras de las rocas que nos dejan los traseros como el moflete de un niño. Begoña pone pies en polvorosa con un instinto de supervivencia digno de elogio. Pronto el idílico panorama se ve interrumpido por la llegada a gritos de Mario, Saúl y otros ninfos y ninfas que se dejan caer a bomba sobre una colchoneta de agua amarilla de tamaño king-size con la que llevan cargando toda la excursión (esto me lleva a pensar en lo que estos púberes son capaces de hacer en sus vidas cotidianas en comparación con el corte de mangas - metafórico o real - que podemos recibir los sufridos padres cuando les pedimos que nos suban la barra de pan a casa, por ejemplo). Alejándome de estos sociológicos pensamientos tan inquietantes me las piro a tomar un café. Yolanda permanece nadando y socializando un poco más antes de marchar al autobús.
Andrés, Rubén, Alejandro y Gabriel no se dejan ver cerca del agua aunque sí han hecho el recorrido en barca hacia las grutas misteriosas. Según me dicen, andan buscando algo de comer por los alrededores, recordándonos así a todos que el hombre - una vez ya muy lejana - fue cazador nómada antes de apoltronarse en el sillón con la Play. Nos planteamos la posibilidad de considerarlos la reserva histórica del grupo.
Y sin más, nuestros acalorados cuerpos se encaminan a sus respectivos domicilios. Por la tarde, ni rastro de esta alegre juventud, para respiro indisimulado de las que esto suscriben.

VIERNES, 24 DE JUNIO

Intentaremos ser escuetas: clases, como siempre, por la mañana, que están bien y no son aburridas, pero que nuestros alumnos sienten como un cierto peso tras los 9 meses pasados en el IES. A pesar de eso, nadie falta a las clases nunca por lo que las profesoras no se ven en la necesidad de repartir collejas.



Tras la comida, paseo en barco por Sliema y la zona de el puerto de La Valetta, en uno de los afamados ferries del Capitán Morgan. La brisa hace que el paseo sea extraordinariamente agradable. Vemos las fortificaciones, la zona amurallada, las iglesias, el lazareto para los leprosos y no puede una por menos de sorprenderse de lo que aquellos caballeros peleones y beatos fueron capaces de levantar (como muy bien lo resumió Saúl ya volviendo a casa: "Los malteses son muy católicos, pero luego, por la noche en las zonas de juerga, ya no lo son tanto"). Ay, Saúl, esa eterna lucha entre el espíritu y la carne, que consituye la vida misma...
En el barco hay japoneses con cámaras (o quizás mejor, cámaras protuberantes cada una con su japo detrás), que nos saludan dando permanentes cabezazos. Hay un cierto momento de sopor, roto por los gritos de medio barco que al grito de "¡GUAPOOOOO!" se inclina por estribor pues se nos ha informado que allí abajo, justo bajo la enésima fortificación, Brad Pitt rueda un película. Los japoneses se despiertan por el tumulto y se lanzan a disparar sus flashes en todas direcciones pues no tienen la menor idea de lo que pasa, pero no están para perderse nada, faltaría más.
Llegamos a Sliema disuestos a gastar las últimas monedillas y a despedirnos de esta ciudad cordial y calurosa de aguas extralimpias.


SABADO 25 DE JUNIO

Por un error, la organización en Sliema avisa tarde a la empresa encargada de recogernos a todos casa por casa, y a punto estamos de infartar a las 7 de la mañana. Para remate, al llegar a uno de los domicilios, Saúl y Mario han apagado la alarma del móvil y no se han despertado, por lo que entro en la casa hecha una furia con los pelos verdes ante los atónitos ojos de la "familia adoptiva", que se frota los ojos sin entender nada de lo que pasa. Levanto las sábanas y a gritos les obligo a levantarse. Andan zombies de puro dormidos, tanteando a ver si encuentran sus pantalones en el aire, pero yo ya me veo en tierra, mientras el feliz grupo de Yolanda surca los cielos. Saúl, una vez más, lo resume de manera certera: "Menos mal que me acosté con las lentillas, que si no, me las habrías metido tú a puñetazos esta mañana". Efectivamente: no sabes bien, querido alumno, de lo que soy capaz con tal de cumplir con el plan establecido. Pero todo va bien y derrapando en la furgo llegamos al aeropuerto de Malta donde Yolanda me informa de que la familia anfitriona de Gabriel, Eric y Alejandro, la ha felicitado por la educación y comportamiento de nuestros chavales. Debemos añadir que la familia de Saúl y Mario también me guiñaba el ojo al salir pues los habían llegado a apreciar mucho. Y a mí, con el café hirviendo que me he tomado, mucho más ocupada en curarme la lengua, ya se me ha pasado el mosqueo.
Una vez en el aeropuerto, los adormilados tardones todavía tienen tiempo de comprar cliks de Famobil en forma de caballeros de la Orden de Malta, recomendación de Ester del Campo, su querida profesora, que ellos ejecutan con devoción.
Llegamos a Madrid en estado de buena salud y relativa alegría pues, como siempre, alejarse de un sitio donde uno ha tenido una experiencia feliz no es fácil. Y nos vienen a la cabeza las palabras de Cesare Pavese:
Los viajes son una brutalidad. Le obligan a uno a confiar en extraños y a perder de vista toda la comodidad familiar de la casa y de los amigos. Se está en continuo desequilibrio. Nada le pertenece a uno salvo las cosas esenciales: el aire, el descanso, los sueños, el mar, el cielo, y todo tiende hacia lo eterno o a lo que imaginamos de la eternidad.
Por ello, y a pesar de ello, debemos seguir viajando, confiando en extraños y aprendiendo de nosotros mismos en circunstancias diferentes de las habituales. Y aquí terminan estas crónicas. Hasta el año que viene, quizás en otro viaje en el que nuestra misión será, como siempre, fabricar recuerdos, porque, ¿qué es viajar más que eso?



Gracias por la atención.

Yolanda y Marisol